En Argentina los ciudadanos conformamos el
país del Boca-River ¿Por qué los argentinos siempre sentimos la necesidad de
atacarnos en bloque? ¿Se han dado cuenta de que en cada discusión de la vida
cotidiana los argentinos siempre (podríamos decir instintivamente a esta
altura) nos ponemos en dos sectores totalmente antagónicos, y nos atacamos
mutuamente? Existe una necesidad constante de buscar a gente de nuestro
“bando”, y además buscar y atacar a la gente del “bando contrario”, como si de
una cacería de brujas del siglo XVI se tratase.
Boca y River, peronistas y antiperonistas,
kirchneristas y caceroleros, porteños y del interior… son solo algunos de los
ejemplos más conocidos.
Ejemplos de
la vida cotidiana (época de contexto: año 2012):
-“Estoy de acuerdo con
la Ley de Medios, me parece una ley justa respecto de los medios de
comunicación”
-“Aaaaah ¿pero a vos
quien te paga el plan social eh?? ¿sos de la Cámpora o del Vatayon
justicialista?? Vos sos otro mantenido
por la gente laburadora, COMO YO!
-“Este gobierno cada vez
va de mal en peor”
-“Anda a tocar la
cacerola si no te gusta la democracia, cacerolo golpista!”
Y estos no son siquiera de los más graves,
muchos incluyen amenazas, insultos, defenestraciones y muchos más, como he
podido ver en numerosos foros de internet, y escuchar a gente en vivo y en
directo. Al haber opiniones contrapuestas, no se genera discusión alguna,
simplemente aparecen, automáticamente, los agravios y las descalificaciones,
que por supuesto, no tienen sentido la mayoría de las veces.
¿Se ha puesto a pensar la gente más
reaccionaria (la mayoría diríamos, aunque por suerte pude conocer gente
bastante tolerante) que todos podemos tener una postura respecto a la realidad,
y que además todos merecemos ser respetados por ello? Por otro lado, el hecho
de tener una opinión sobre algo no nos hace automáticamente partidario de
ninguna corriente, grupo, forma de pensar, y demás. Lo peor, es que mucha gente
es consciente de dicha situación, sin embargo parece no importarle demasiado el
no permitir el debate e intercambio de ideas que impiden con este tipo de
actitudes. Se da de manera constante una actitud de encasillar y etiquetar a
todos los ciudadanos en alguno de esos “bandos” mencionados en el segundo
párrafo. Cualquier opinión que uno tenga, positiva o negativa, de cualquier
tema, hace un efecto en el resto de las personas que de alguna manera las
obliga a realizar el mencionado encasillamiento.
Como vemos, esta parece una sociedad en la
que no parece ser posible, por el momento, tener una opinión parcial, medianamente
objetiva, sin banderas, que de alguna manera, dependiendo de la situación,
resultaremos “etiquetados” solo por no pensar exactamente igual que la gente
que nos rodea. Esto puede deberse, en parte, a la poca tolerancia que tenemos
respecto el otro, del que está al lado nuestro, del que no piensa igual que
nosotros. Ya forma parte, evidentemente, de nuestra idiosincrasia.
Mi propuesta aquí es demostrar, por un lado,
que la gente poco hace por ponerse en el lugar del otro a la hora de opinar
sobre un tema en particular, sino que optan por el ataque verbal, en el mejor
de los casos, (y amenazas en el peor de ellos) hacia quien dijo algo que no nos
gusto, o que no nos complace escuchar o leer. Sé muy bien que no es así en
todos los casos, pero es la actitud predominante del ciudadano argentino
promedio.
Por otro lado, que no solo existen personas
con opiniones contrapuestas, antagónicas y contrarias, sino que también están
los que no comparten todas las ideas consideradas “predominantes”, quienes
están de acuerdo con ciertos puntos y en desacuerdo con otros más. Y ellos
también deberían ser tolerados, sin que se los catalogue bajo algún
descalificativo recurrente a la discusión en cuestión (ciberkaka, cacerolo, bostero,
gallina, y un largo etcétera).
Se supone que somos una sociedad
democrática, estamos en un contexto histórico social en el cual no estamos
impedidos en decir ni opinar absolutamente de nada; considerando que este fue
un país con muchos períodos de gobiernos de facto, donde la mayoría de las
libertades individuales estaban suprimidas, espero no estar equivocado al decir
que tenemos la suerte de poder expresarnos como nos parece, sin tapujos, sin
censura de ningún tipo.
Personalmente,
creo que una de las mejores maneras que tenemos de progresar como sociedad
(sacando de lado, por supuesto, que no son los únicos problemas que tenemos
como tal) es aprender a respetar más a quien no dice exactamente lo que
queremos oír, o leer, y poder discutir los puntos de vista en los cuales no
coincidimos, con la mayor tolerancia posible. Deberíamos aprovechar para
fomentar debates acerca de muchas cosas que ocurren en la realidad, ya que
contamos con la capacidad para hacerlo, solamente que no solemos usarla. Solo
requiere un poco de voluntad. Sería un primer paso, para que tal vez, quién
sabe, mejoremos como ciudadanos.