domingo, 30 de diciembre de 2012



   En Argentina los ciudadanos conformamos el país del Boca-River ¿Por qué los argentinos siempre sentimos la necesidad de atacarnos en bloque? ¿Se han dado cuenta de que en cada discusión de la vida cotidiana los argentinos siempre (podríamos decir instintivamente a esta altura) nos ponemos en dos sectores totalmente antagónicos, y nos atacamos mutuamente? Existe una necesidad constante de buscar a gente de nuestro “bando”, y además buscar y atacar a la gente del “bando contrario”, como si de una cacería de brujas del siglo XVI se tratase.

   Boca y River, peronistas y antiperonistas, kirchneristas y caceroleros, porteños y del interior… son solo algunos de los ejemplos más conocidos.
Ejemplos de la vida cotidiana (época de contexto: año 2012):

-“Estoy de acuerdo con la Ley de Medios, me parece una ley justa respecto de los medios de comunicación”
-“Aaaaah ¿pero a vos quien te paga el plan social eh?? ¿sos de la Cámpora o del Vatayon justicialista??  Vos sos otro mantenido por la gente laburadora, COMO YO!

-“Este gobierno cada vez va de mal en peor”
-“Anda a tocar la cacerola si no te gusta la democracia, cacerolo golpista!”

   Y estos no son siquiera de los más graves, muchos incluyen amenazas, insultos, defenestraciones y muchos más, como he podido ver en numerosos foros de internet, y escuchar a gente en vivo y en directo. Al haber opiniones contrapuestas, no se genera discusión alguna, simplemente aparecen, automáticamente, los agravios y las descalificaciones, que por supuesto, no tienen sentido la mayoría de las veces.

   ¿Se ha puesto a pensar la gente más reaccionaria (la mayoría diríamos, aunque por suerte pude conocer gente bastante tolerante) que todos podemos tener una postura respecto a la realidad, y que además todos merecemos ser respetados por ello? Por otro lado, el hecho de tener una opinión sobre algo no nos hace automáticamente partidario de ninguna corriente, grupo, forma de pensar, y demás. Lo peor, es que mucha gente es consciente de dicha situación, sin embargo parece no importarle demasiado el no permitir el debate e intercambio de ideas que impiden con este tipo de actitudes. Se da de manera constante una actitud de encasillar y etiquetar a todos los ciudadanos en alguno de esos “bandos” mencionados en el segundo párrafo. Cualquier opinión que uno tenga, positiva o negativa, de cualquier tema, hace un efecto en el resto de las personas que de alguna manera las obliga a realizar el mencionado encasillamiento.

   Como vemos, esta parece una sociedad en la que no parece ser posible, por el momento, tener una opinión parcial, medianamente objetiva, sin banderas, que de alguna manera, dependiendo de la situación, resultaremos “etiquetados” solo por no pensar exactamente igual que la gente que nos rodea. Esto puede deberse, en parte, a la poca tolerancia que tenemos respecto el otro, del que está al lado nuestro, del que no piensa igual que nosotros. Ya forma parte, evidentemente, de nuestra idiosincrasia.  

   Mi propuesta aquí es demostrar, por un lado, que la gente poco hace por ponerse en el lugar del otro a la hora de opinar sobre un tema en particular, sino que optan por el ataque verbal, en el mejor de los casos, (y amenazas en el peor de ellos) hacia quien dijo algo que no nos gusto, o que no nos complace escuchar o leer. Sé muy bien que no es así en todos los casos, pero es la actitud predominante del ciudadano argentino promedio.

   Por otro lado, que no solo existen personas con opiniones contrapuestas, antagónicas y contrarias, sino que también están los que no comparten todas las ideas consideradas “predominantes”, quienes están de acuerdo con ciertos puntos y en desacuerdo con otros más. Y ellos también deberían ser tolerados, sin que se los catalogue bajo algún descalificativo recurrente a la discusión en cuestión (ciberkaka, cacerolo, bostero, gallina, y un largo etcétera).

   Se supone que somos una sociedad democrática, estamos en un contexto histórico social en el cual no estamos impedidos en decir ni opinar absolutamente de nada; considerando que este fue un país con muchos períodos de gobiernos de facto, donde la mayoría de las libertades individuales estaban suprimidas, espero no estar equivocado al decir que tenemos la suerte de poder expresarnos como nos parece, sin tapujos, sin censura de ningún tipo.

   Personalmente, creo que una de las mejores maneras que tenemos de progresar como sociedad (sacando de lado, por supuesto, que no son los únicos problemas que tenemos como tal) es aprender a respetar más a quien no dice exactamente lo que queremos oír, o leer, y poder discutir los puntos de vista en los cuales no coincidimos, con la mayor tolerancia posible. Deberíamos aprovechar para fomentar debates acerca de muchas cosas que ocurren en la realidad, ya que contamos con la capacidad para hacerlo, solamente que no solemos usarla. Solo requiere un poco de voluntad. Sería un primer paso, para que tal vez, quién sabe, mejoremos como ciudadanos.